El presidente del Ente Autárquico Tucumán Turismo, Sebastián Giobellina, denunció que la suspensión de la proyección del espectáculo de luz y sonido de la Casa Histórica de la Independencia, que ya lleva 10 meses, se debe a que la Nación administra el museo con desidia. Mientras Giobellina expresaba su descontento en el programa “Buen día”, de LA GACETA Play, en el tercer patio de la Casa los técnicos de la Comisión Nacional de Monumentos, que preside Teresa de Anchorena, trabajaban en la reposición de la obra audiovisual.

Cecilia Guerra, directora de la Casa, recibió a LA GACETA en su despacho y le explicó que la Nación ya compró los nuevos equipos de luz y sonido, pero la Casa todavía no obtuvo la autorización de la Comisión para instalarlos. “Tengo muy buena relación con Sebastián (por Giobellina) y sé que el espectáculo le preocupa muchísimo -expresó Guerra-, pero los tiempos de la ansiedad de la gente y de la del Ente no son los mismos que los de la administración pública. A mí me encantaría decir: ‘lo vamos a inaugurar el 9 de julio’. Sería fantástico y es el sueño que todos tenemos. Pero no depende de mí que la Comisión apruebe los pliegos para que empecemos la obra y lleguemos a tiempo”.

Entretanto, mientras esperan la aprobación, los técnicos que vinieron de Buenos Aires diseñan las nuevas instalaciones. Adrián Cushnir, a cargo de la dirección técnica, transmitió que el proyecto está encaminado: “ya revisamos todo el equipo técnico y evaluamos el circuito eléctrico, que es deficiente. Ahora tratamos de resolver cómo instalaremos la electricidad sin romper las paredes. No sé si vamos a terminar la obra para el 9 de julio, pero sí antes de fin de año”.

Idas y vueltas

La primera versión del espectáculo de Luz y Sonido, inaugurado en 1968 con las voces de Alfredo Alcón y Lola Membrives, hoy está muy deteriorada. En consecuencia, la Secretaría de Cultura de la nación, a cargo de Pablo Avelluto, decidió reelaborar técnica y artísticamente el espectáculo. Escribieron un nuevo guion, alquilaron nuevos equipos y el 9 de julio de 2017 reestrenaron la obra.

Pero la nueva proyección no permaneció mucho tiempo en cartelera. En agosto del año pasado, la Comisión consideró que el costo del alquiler de los equipos era muy alto, decidió comprar aparatos nuevos y suspendió indefinidamente la obra. “Es una inversión importante -argumentó Guerra-, por lo que la Nación repartió las compras y los equipos llegaron a Tucumán en varios envíos”. Hoy la Dirección de la Casa tiene todo el equipamiento de luz y sonido y trabaja en el inventario para darle el alta patrimonial, agregó.

Según precisó Cushnir, una de las causas de la demora es la envergadura del proyecto, porque la Nación pretende hacer una obra definitiva, que permanezca por muchos años. “Estamos trabajando para que el impacto sobre la Casa sea el menor posible y el sistema perdure en el tiempo”, arguyó.

Una casa sin amigos

En su aparición en “Buen día”, Giobellina destacó el trabajo de la actual Dirección, pero también denunció que Guerra carece de recursos para solucionar los problemas edilicios del museo. Sin embargo, la directora aseguró que la Nación cumple con sus obligaciones en tiempo y forma. “Nosotros cobramos perfectamente y no tenemos ningún problema en torno al pago de servicios, aunque sí es cierto que no tenemos ingresos superiores para hacer, por ejemplo, una obra en el área de reserva, para la que necesitamos $ 2 millones. Pero Nación no le envía esos fondos a ningún museo, no es algo que sucede sólo con la Casa Histórica”, manifestó.

Según Guerra, los gastos extraordinarios de los bienes históricos deberían ser solventados por las sociedades de amigos, pero la Sociedad de Amigos de la Casa Histórica hoy no funciona a causa de irregularidades detectadas en 2016 por la Oficina Anticorrupción, que conduce Laura Alonso. La Sociedad de Amigos tenía hasta entonces la licitación de la tienda y la entrada, que hoy es gratuita en todos los monumentos históricos por decisión del Gobierno nacional.

De esta manera, al no tener una sociedad de amigos, la Casa Histórica tampoco tiene ingresos propios, porque sus funcionarios tienen prohibido cobrar. “Nosotros no podemos ni siquiera cobrar un bono contribución a voluntad. Mucho menos vender suvenires. Entonces no generamos nuestros propios fondos, pero no es por desidia de la Nación sino por las irregularidades en el manejo de la Sociedad”, justificó Guerra.